Lo que debía ser la celebración deportiva más grande del planeta está siendo opacado por deportaciones, retenciones, amenazas migratorias y el fantasma de una guerra ilegal. Afortunadamente Canadá y México salvarán el torneo con su hospitalidad futbolística
Rubichelo Monde
Canadá Crónica Latina
MONTREAL, 11 de junio de 2026.— La Copa del Mundo 2026 debería ser una fiesta. Pero en suelo estadounidense, se ha convertido en un escenario de humillación, arbitrariedad y miedo. Lo que debía ser la celebración deportiva más grande del planeta está siendo opacado por deportaciones, retenciones, amenazas migratorias y el fantasma de una guerra ilegal. Afortunadamente, dos naciones —México y Canadá— están ahí para recordarle al mundo lo que el fútbol realmente significa.
La ignominia como política de Estado
Deshonor. Ofensa. Oprobio. Esas palabras no son hipérboles: son la descripción exacta del trato que Estados Unidos ha dispensado a jugadores, árbitros, técnicos y periodistas que llegaron a su territorio para participar en el mayor evento deportivo del mundo.
Cuando Donald Trump declaró que estaban “trabajando muy de cerca para asegurarse de que las personas adecuadas entren al país”, no estaba hablando de seguridad nacional. Estaba poniendo en marcha una maquinaria de discriminación disfrazada de control migratorio. La pregunta que queda flotando en el aire es incómoda pero necesaria: ¿quiénes son, según Trump, las personas “adecuadas”?
No es una fiesta: es un filtro
El fútbol es el deporte más democrático del planeta. Lo juegan pobres y ricos, lo disfrutan todas las razas, lo celebran todas las culturas. Precisamente por eso, la visión que tiene la administración Trump del Mundial es tan profundamente incompatible con el espíritu del juego.
“Asegurarse de que entren las personas adecuadas” no es una política de seguridad: es una salida fácil para justificar múltiples denuncias de abuso y discriminación. La fiesta del fútbol, tal como se vive en Estados Unidos en 2026, no es una fiesta. Es un laberinto burocrático con trampa, donde tener visa aprobada no te garantiza entrar, y donde tu origen puede convertirse en motivo de sospecha.
Los casos que avergüenzan al mundo
Principales incidentes documentados durante el Mundial 2026:
- Omar Artan (Somalia): Considerado el mejor árbitro de África por la Confederación Africana de Fútbol, fue retenido 11 horas en Miami y deportado a Turquía, pese a contar con acreditación oficial de la FIFA y visa válida.
- Aymen Hussein (Irak): El delantero estuvo retenido e incomunicado durante 7 horas en el aeropuerto O’Hare de Chicago por una supuesta “confusión de identidad”. El fotógrafo oficial de la selección iraquí fue retenido 12 horas y se le negó el ingreso al país.
- Selección de Irán: El gobierno de Estados Unidos negó visas a miembros clave del cuerpo técnico y directivo. A los jugadores se les otorgaron visas válidas únicamente para el día del partido, lo que obligó al equipo a instalarse en Tijuana, México.
- Selección de Uzbekistán: Jugadores y el técnico Fabio Cannavaro fueron obligados a someter su equipaje a revisión en plena calle, con agentes y perros detectores de drogas.
Estos no son incidentes aislados. Son el patrón de una política migratoria que no distingue entre un peligro real y un árbitro africano con todas sus credenciales en regla.
El fantasma del ICE en las gradas
A la humillación directa se suma el miedo difuso. El ICE —la agencia de control migratorio e inmigración— tendrá presencia durante todo el torneo. El gobierno ha confirmado que agentes del ICE y de HSI —Investigaciones de Seguridad Nacional— estarán “todos los días” en los estadios.
El mensaje oficial dice que el objetivo es combatir la trata de personas, los boletos falsos y el narcotráfico. Pero la misma administración no ha descartado redadas ni detenciones durante los partidos. La diferencia entre seguridad y operativo migratorio puede reducirse a un capricho, y esa ambigüedad es suficiente para sembrar el terror.
El resultado es ya visible: aficionados internacionales están cancelando boletos y reconsiderando sus viajes. Organizaciones de derechos humanos han emitido advertencias formales a viajeros por el riesgo de detenciones arbitrarias y trato discriminatorio. Y quienes viven en Estados Unidos sin estatus regular —o con procesos migratorios activos— enfrentan una disyuntiva cruel: ver el partido de su vida o arriesgar su permanencia en el país.
No hay garantía pública de que el Mundial esté libre de controles migratorios. El miedo es el ambiente. El miedo es el mensaje.
No es tiempo de fútbol cuando hay guerra
Hay algo profundamente incómodo en celebrar una fiesta deportiva mientras las bombas caen. El fantasma de la guerra en Medio Oriente —y en particular el conflicto impulsado por la administración Trump contra Irán— ha generado entre muchos aficionados un sentimiento legítimo: quizás no es tiempo de fútbol.
No se trata de mezclar deporte y política por capricho. Se trata de que resulta muy difícil disfrutar de un gol cuando el país anfitrión está lanzando ataques militares que afectan a civiles. La disonancia moral es demasiado grande para ignorarla.
Canadá y México salvan la cara del Mundial
Por fortuna, el fútbol tiene memoria y tiene corazón. Y en este Mundial 2026, ese corazón late con fuerza en México y Canadá.
México ha recibido a jugadores y selecciones con la calidez y la pasión futbolera que lo caracterizan. Sin restricciones absurdas, sin humillaciones en el aeropuerto, sin perros olfateando maletas en la calle. La afición mexicana, conocida en todo el mundo por su entusiasmo y generosidad, ha demostrado que sí es posible recibir bien al mundo. No es casualidad que la selección iraní haya elegido Tijuana como su base de operaciones: al cruzar la frontera hacia México, encontraron lo que no hallaron al norte.
Canadá, por su parte, ha reforzado sus controles fronterizos ante el aumento previsible de visitantes —incluyendo posibles solicitudes de asilo—, pero lo ha hecho con un espíritu radicalmente diferente. Según la agencia AP, el ambiente en Canadá se siente “muy distinto” al de Estados Unidos: más enfocado en el fútbol y menos complicado políticamente. Canadá mantiene su tradición de apertura y acogida, y en este contexto esa diferencia brilla con luz propia.
México y Canadá no están salvando simplemente la logística del torneo. Están salvando el alma del Mundial.
La ignominia tiene nombre
La Copa del Mundo 2026 pasará a la historia, sí. Pero no solo por los goles, las emociones y los campeones. También por haber revelado las contradicciones de un país que quiso ser anfitrión del mundo y terminó tratando al mundo como una amenaza.
La ignominia tiene nombre, tiene cara y tiene política. Y el fútbol, ese juego que une a los pueblos, merece algo mejor que esto.
Preguntas frecuentes
¿Puede el ICE hacer redadas durante los partidos del Mundial?
El gobierno de Trump no ha descartado públicamente esa posibilidad. Aunque el discurso oficial apunta a combatir delitos como trata y narcotráfico, la ausencia de una garantía clara genera un clima de miedo real entre aficionados e inmigrantes.
¿Por qué la selección de Irán entrena en México y no en Estados Unidos?
Porque el gobierno estadounidense otorgó visas a los jugadores iraníes válidas únicamente para el día del partido, lo que hizo imposible establecer una concentración normal en territorio estadounidense.
¿Cómo han respondido México y Canadá al contraste?
Ambos países han adoptado un enfoque más acogedor. México recibió a selecciones con entusiasmo y sin restricciones abusivas. Canadá reforzó controles fronterizos, pero con un ambiente notablemente más centrado en el fútbol y menos politizado.
Con información de agencias.
