La operación de Estados Unidos e Israel contra Irán derivó en una rápida expansión del conflicto, con misiles y drones iraníes golpeando intereses occidentales en el Golfo y tensando el tablero geopolítico
Redacción Canadá Crónica Latina
MONTREAL, 9 de marzo de 2026.— Estados Unidos e Israel lanzaron el 28 de febrero una ofensiva coordinada contra objetivos políticos, militares y nucleares en Irán que, en cuestión de horas, descabezó buena parte de la cúpula iraní y desató una guerra abierta con represalias en toda la región. Desde entonces, Teherán ha respondido con misiles y drones contra intereses estadounidenses e israelíes en el Oriente Medio, mientras crece la presión diplomática y el temor a una escalada prolongada.
28 de febrero: comienza la ofensiva
En la tarde del 27 de febrero, el presidente Donald Trump dio la orden desde el Air Force One de activar la operación estadounidense bautizada como Furia Épica, que se ejecutó en la madrugada del 28 de febrero, hora de Irán. A partir de las 9:45 de la mañana, hora de Teherán, misiles Tomahawk lanzados desde buques de guerra, sistemas HIMARS y drones estadounidenses se coordinaron con oleadas de caza israelíes en el marco de la operación israelí Rugido de León.
Israel concentró su primera andanada en alrededor de 500 objetivos militares en el oeste y centro de Irán, incluyendo defensas aéreas, lanzadores de misiles y bases de drones, en lo que describió como la mayor salida de combate de su fuerza aérea. Entre los blancos se encontraba la zona de la calle Pasteur en Teherán, donde suelen ubicarse la residencia del líder supremo, el palacio presidencial y el Consejo de Seguridad Nacional, que recibió varios impactos de misiles.
Casi en paralelo, el primer ministro Benjamín Netanyahu difundió un mensaje de video en el que afirmaba que el objetivo conjunto de Estados Unidos e Israel era “eliminar la amenaza existencial” que, a su juicio, representaba el “régimen de Irán”. Trump, por su parte, presentó la operación como un paso para forzar un cambio de régimen, llamó a los iraníes a levantarse contra sus autoridades y sostuvo que la ofensiva era consecuencia del fracaso de las negociaciones nucleares.
El impacto en la cúpula iraní
En las primeras horas del ataque se produjo una campaña de “decapitación” contra la dirigencia iraní que incluyó bombardeos precisos sobre el complejo residencial del líder supremo Alí Jamenei en Teherán. Según los informes posteriores, Jamenei murió en uno de esos ataques, junto con varios altos responsables que participaban en reuniones en su residencia y algunos miembros de su familia.
El mando central estadounidense (CENTCOM) explicó que su instrucción era “desmantelar el aparato de seguridad del régimen iraní”, una formulación que los analistas interpretaron como indicio de una campaña más amplia y sostenida, no de un ataque puntual. Expertos consultados en medios internacionales advirtieron que la operación se alejaba de acciones anteriores centradas sólo en el programa nuclear y apuntaba a la estructura política y represiva del Estado iraní.
La respuesta iraní y el frente regional
Irán respondió el mismo día con una operación de represalia de gran alcance, bautizada por Teherán como Promesa Verdadera IV, que combinó misiles balísticos y drones contra Israel y posiciones estadounidenses en la región. Según reseñas posteriores, los blancos incluyeron embajadas estadounidenses, bases militares y terminales energéticas, así como embarcaciones y plataformas en el estrecho de Ormuz.
Los ataques alcanzaron territorio israelí e instalaciones también estadounidenses en Bahréin, Qatar, Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudita, Kuwait e Irak, extendiendo el conflicto a casi todos los países del Golfo. Medios como Al Jazeera informaron que, al día siguiente de confirmarse la muerte de Jamenei, Irán continuaba golpeando intereses de Estados Unidos en toda la región, mientras se reportaban explosiones y ataques atribuidos a la guerra en lugares tan diversos como Dubái y Chipre.
Las represalias iraníes buscaban, de acuerdo con análisis posteriores, imponer costos económicos y de seguridad suficientes para empujar a Washington y Tel Aviv hacia algún tipo de mediación, al tiempo que enviaban una señal de que la República Islámica seguía en pie.
Días posteriores: guerra abierta y presión diplomática
En los días siguientes al 28 de febrero, la dinámica dejó de ser la de un ataque sorpresa para convertirse en un conflicto abierto, con nuevas oleadas de bombardeos y contraataques. Israel y Estados Unidos continuarán sus operaciones aéreas y de misiles contra objetivos iraníes, con el foco en consolidar la destrucción de infraestructuras militares clave y mantener degradada la capacidad de respuesta de Teherán.
Al mismo tiempo, Rusia y China expresaron fuertes protestas diplomáticas por los ataques, aunque los analistas subrayaron que, en términos prácticos, ninguno de los dos aliados estaba en condiciones de ofrecer a Irán un apoyo militar directo que cambiara el equilibrio en el campo de batalla. En los mercados y cancillerías se expande la preocupación por el impacto sobre el suministro de petróleo y por una posible prolongación del conflicto que desestabilizará aún más la región.
De acuerdo con cronologías especializadas, para inicios de marzo el conflicto ya se describió como una “guerra de 2026 con Irán”, con un frente principal en territorio iraní pero con ramificaciones en buena parte de Oriente Medio. Mientras tanto, los intentos de mediación, encabezados por países como Omán y otros actores regionales, se veían eclipsados por la intensidad de los combates y por el carácter abiertamente maximalista de los objetivos declarados por Washington y Tel Aviv.
Situación al 9 de marzo de 2026
Hasta el 9 de marzo, las informaciones disponibles describen un escenario en el que continúa la campaña de ataques estadounidenses e israelíes contra objetivos iraníes, aunque sin la sorpresa inicial de los primeros días. Los esfuerzos se concentran en mantener la presión sobre las capacidades militares y de mando iraníes, mientras Teherán sigue lanzando ataques de diverso alcance contra Israel y bases estadounidenses en el Golfo.
En el plano geopolítico, persiste el debate sobre si la estrategia de Washington y Tel Aviv podrá forzar un cambio de régimen desde dentro de Irán, como algunos analistas sugieren, o si, por el contrario, consolidará un clima de guerra prolongado sin una salida clara. A medida que se acumulan las víctimas y los daños, la comunidad internacional se enfrenta al reto de contener una escalada que ya ha reconfigurado el equilibrio de poder en Oriente Medio y que, a nueve días del primer ataque, no muestra señales de pronta resolución.
Dureza de la respuesta militar de Irán
En las capitales occidentales predominó la sorpresa ante la magnitud y coordinación de la respuesta militar iraní, muy por encima de lo que anticipaban la mayoría de los servicios de inteligencia y analistas, que esperaban represalias más limitadas, simbólicas o vía actores interpuestos.
La combinación de misiles balísticos y drones lanzados directamente desde territorio iraní contra Israel y bases estadounidenses en varios países del Golfo puso en evidencia una capacidad de proyección y mando que muchos consideraron degradada por las sanciones y los ciberataques de años anteriores, y obligó a revisar de urgencia las evaluaciones sobre el alcance real del arsenal iraní y su disposición a uso de manera abierta y simultánea en varios frentes.
Con información de CNN y Al Jazeera.
