Este símbolo de la exasperación ciudadana se ha convertido en un ícono cultural, en mercancía de souvenir y, en los momentos de euforia deportiva, en un trofeo improvisado. Ninguna administración ha podido poner fin al reinado de este “objeto veraniego”
Redacción Canadá Crónica Latina
MONTREAL, 6 de mayo de 2026.— Nadie los quiere, pero todos los reconocen. Los conos naranja llevan décadas colonizando las calles de Montreal, convirtiendo cada verano en un laberinto de desvíos y obras. Sin embargo, en los últimos años, este símbolo de la exasperación ciudadana ha dado un giro inesperado: se ha convertido en un ícono cultural, en mercancía de souvenir y, en los momentos de euforia deportiva, en un trofeo improvisado. La Presse platica en un artículo detalles de este objeto odiado y amado.
“En el fondo, todos los montrealenses tenemos debilidad por los conos naranja, pero no nos lo admitimos”, confiesa al diario, entre risas, Tania Mignacca, ilustradora que lleva más de una década dando vida a Ponto, un cono ambulante protagonista de una novela gráfica concebida como una declaración de amor a la metrópoli.
Bajo esta simpática figura vende peluches, calcomanías y postales: “Quiero mostrar Montreal a través de los ojos de un cono que observa la calle maravillado y, ya que esto no va a cambiar, prefiero transformarlo en algo positivo”.
Una señalización que queda en la memoria
¿Por qué el cono naranja es el símbolo no oficial de Montreal? Porque esta ciudad acumula históricamente más obras de infraestructura y más señalización vial por kilómetro que cualquier otra metrópoli canadiense comparable. Con el paso de los años, los conos naranja pasaron de ser una molestia cotidiana a convertirse en parte de la memoria colectiva de sus habitantes, apareciendo en souvenirs, novelas gráficas, celebraciones deportivas y debates municipales.
De la tribuna al podio (naranja)
La imagen se volvió viral en las redes sociales: durante el sexto partido de los Canadiens de Montreal contra el Lightning de Tampa Bay, un aficionado apareció frente al Centre Bell portando un cono naranja esculpido y decorado para parecerse a la Copa Stanley, posando orgulloso ante las cámaras. “Honestamente, ya que llegó a esto, debería estar en un museo”, bromeó un internauta.
No es la primera vez. En los playoffs de 2021, cuando el Tricolore llegó hasta la final, los fanáticos ya blandían conos sobre sus cabezas imitando el gesto del campeón que levanta el trofeo. El cilindro naranja, en esos momentos, deja de ser una señal de obra y se convierte en estandarte de identidad local.
Más que un objeto
La popularidad del cono como emblema montréalais lleva años en expansión. Las tiendas de souvenirs del centro-ville ya exhiben tazas, imanes y llaveros con su figura. En 2017, durante el 375° aniversario de Montreal, un proveedor llegó a proponer a la ciudad la venta de miniconos como llavero oficial, idea que el entonces alcalde Denis Coderre vetó tajantemente.
El año pasado, la humorista Valérie Belzile hizo titulares decorando conos naranja para “embellecer” la ciudad, y es habitual verlos en la fiesta nacional de la Saint-Jean-Baptiste.
“Es un poco como el invierno: no a todo el mundo le gusta, pero todos estamos apegados a él. Forma parte de nosotros”, opina Bernard Motulsky, profesor de comunicación de la UQAM.
Para Motulsky, el fenómeno es perfectamente comprensible desde la psicología social: “Es una obstaculización familiar que forma parte de nuestro día a día. Hay cosas que entran en la memoria colectiva y que reconocemos, aunque no necesariamente las amemos”.
Un problema sin solución a la vista
La dimensión política del cono es, sin embargo, innegable. Todas las administraciones municipales han intentado poner fin al “reinado de los conos” sin éxito. La comentarista política Justine McIntyre, exregidora, es contundente: “En la vida real, en el día a día, esto no debería ser el símbolo de nuestra ciudad. Es vergonzoso si lo piensas bien”.
Las promesas de la alcaldía
¿Qué medidas ha tomado Montreal para reducir los conos naranja? En 2023, la administración de Valérie Plante exigió que la señalización alrededor de una obra se instalara con un máximo de 24 horas de anticipación y se retirara a más tardar 24 horas después del fin de los trabajos.
En este año, la alcaldesa Soraya Martinez Ferrada anunció una zona piloto “sin conos” en el centro, delimitada por las calles Saint-Laurent, Guy, Sherbrooke y de la Commune (aproximadamente. 3,7 kilómetros cuadrados), para experimentar con inteligencia artificial en la gestión de obras.
Sin embargo, el problema tiene raíces más profundas que la política. Un informe anual de la Cámara de Comercio del Gran Montreal reveló que, paradójicamente, hay menos obras pero más conos que años atrás en el centro de la ciudad. Su presidenta, Isabelle Dessureault, fue directa: “Hemos dejado que el negocio del cono naranja explote en Montreal. Hay que frenar esto”.
Mientras los debates municipales continúan, Ponto sigue paseando por las páginas de su cómic, eternamente asombrado ante una ciudad que lo odia y lo abraza con la misma intensidad. Porque Montreal es así: capaz de transformar su mayor defecto en su símbolo más entrañable.
Preguntas frecuentes
¿Dónde puedo comprar souvenirs del cono naranja en Montreal?
En las tiendas de souvenirs del centro-ville encontrarás artículos variados con la imagen del cono. También puedes buscar los productos de la ilustradora Tania Mignacca y su personaje Ponto, disponibles en línea y en puntos de venta locales.
¿Cuándo aparecen más conos naranja en las calles de Montreal?
La temporada de obras se concentra en los meses cálidos, de mayo a noviembre, cuando las condiciones climáticas permiten trabajar en el asfalto. Por eso los residentes lo asocian directamente con el verano montréalais.
¿Es ilegal mover o llevarse un cono naranja de la vía pública?
Sí. Los conos son señalización oficial de obra o de zonas de peligro. Desplazarlos o sustraerlos puede constituir una infracción al Código de seguridad vial de Quebec y poner en riesgo tanto a trabajadores como a conductores.
